DEPORTES › LA CARA NEGATIVA DE UNA COMPETENCIA QUE ARRASA CON LA NATURALEZA Y EL MEDIO AMBIENTE

Dakar, un rally que levanta mucha polvareda

Luego de la jornada de descanso, los pilotos largan con la octava etapa. Sin embargo, siguen las denuncias por daños ambientales y aprietes a comunidades aborígenes y pequeños productores para que dejen pasar a los competidores por sus tierras.

 Por Gustavo Veiga

Hay un Rally que nadie ve, que la gente no sigue al costado de los caminos y que levanta polvareda como los camiones Kamaz o las Volkswagen Touareg 4 x 4. Esta prueba decidieron correrla organizaciones ambientalistas, comunidades aborígenes, pequeños productores y científicos inquietos. Saben que están en inferioridad numérica y que la moda Dakar avanza por el país con todos sus caballos de fuerza. Pero tampoco están dispuestos a callarse la boca y denuncian (sin mucho eco ante las autoridades) cómo la competencia alteró la naturaleza y afectó sus rutinas. De Córdoba a Río Negro y de Mendoza a Chubut, sus voces revelan aprietes a quienes no cedieron sus campos para la carrera, frases discriminatorias que habría pronunciado un intendente contra mapuches que protestan, el curioso papel de un italiano en la Patagonia que dijo ser de Greenpeace e intentó convencerlos de que debían dejar pasar a los pilotos por sus tierras y la depredación de áreas protegidas donde se pone en peligro a la flora y la fauna.

Cayo Valenzuela es integrante del Consejo Asesor Indígena y vive en Ingeniero Jacobacci, donde los detractores del Rally consiguieron que los organizadores de la prueba cambiaran el recorrido. En diálogo con Página/12 contó que “un italiano, Tiziano Siviero, el vicepresidente de OTTA (Organización Todo Terreno Argentina), se reunió con nosotros para ver si firmábamos una autorización para que la prueba pasara por nuestro espacio territorial. Lo llamativo fue que nos dijo que estaba también en Greenpeace. Se había enterado de lo que pasaba por un documento que sacó un grupo de productores y vino a vernos. Nadie cedió y el Rally, al menos en Río Negro, se corrió casi todo por rutas provinciales o caminos, pero no a campo traviesa”.

Lino Pizzolón, un especialista en limnología (el estudio de los ecosistemas acuáticos) que trabaja en la Universidad Nacional de la Patagonia, denunció que “hubo seis meses de presiones a los estancieros y pobladores rurales para que dejaran abiertas las tranqueras de sus campos. Unos se dejaron convencer, otros no. Los primeros hoy lo lamentan pero ya es tarde”.

En Mendoza, Marcelo Giraud, de la Asamblea Popular por el Agua, describió que “la Secretaría de Turismo de la Nación mintió o estaba mal informada cuando afirmó hace unos quince o veinte días que todas las provincias ya habían dado la autorización ambiental para el Rally. La de Mendoza salió recién la semana pasada y aún no está publicada la resolución en el boletín oficial”.

Los testimonios de este tipo se extienden por todas las provincias que recorre el Dakar. Pero desde Jacobacci, donde los mapuches les torcieron el brazo al intendente radical Carlos Toro y a los organizadores, Valenzuela hace una denuncia más delicada: “El intendente está ofendidísimo. Dijo que la íbamos a pagar porque una etapa terminó en Maquinchao y no en Jacobacci, como él pretendía. Además habló en medios locales de que unos ‘fantasmas negros’ habían entorpecido el Rally. Quisiéramos saber qué quiso decir con eso”.

En la meseta patagónica, los productores ganaderos de cabras y ovejas recibieron presiones para que firmaran una autorización de paso por sus tierras. A dos empleados de la provincia de Río Negro encomendados a esa tarea, los dirigentes mapuches dicen tenerlos identificados. El pedido consistía en que se les permitiera el paso a los bólidos del Rally por caminos ya trazados “que el Estado nunca arregla”, según Valenzuela.

Otro integrante del Consejo Asesor Indígena, Hermenegildo Chacho Liempe, fue más allá en el planteo de defensa de los suelos: “Para el Dakar es como si no existiéramos. Cuando vinieron dijeron que esto era un desierto, pero no lo fue nunca, ni lo es ahora. No pueden venir a estas tierras vulnerando nuestros derechos. Ni el Estado ni las empresas pueden ejercer esa violencia”.

Plata fresca

Las provincias de Mendoza y La Pampa subsidiaron con un millón de pesos cada una a los organizadores del Rally. El gobernador cuyano, Celso Alejandro Jaque, lo hizo mediante el decreto 3419/08 que en su artículo 1º sostiene: “Otórguese a la Organización Dakar SA un subsidio con cargo a rendir cuentas por la suma de pesos un millón ($ 1.000.000) destinado a solventar parte de los gastos que ocasionará la realización de la competencia ‘Rally Dakar 2009’ en el mes de enero del año 2009 en la provincia de Mendoza”. En su artículo 2º se establece que la rendición del subsidio deberá efectivizarse en un plazo no mayor a los 30 días de abonado y que el “responsable de recibir los fondos y rendir cuentas es el Sr. Etienne François Dominique Lavigne”, el francés que es director de la prueba.

En la edición del 6 de enero de El diario de La Pampa, el gobernador Oscar Mario Jorge justificó el subsidio que entregó la provincia para que el Dakar pasara por ella: “Todo lo que sea por el bien de la gente está bien dirigido, más en el deporte. Pero además creo que el hecho de pasar por un territorio como el nuestro permite el conocimiento de mucha gente que participa. Gente de otros países conoce así el territorio argentino”.

Estos dos millones de pesos están lejos de las sumas que la organización del Rally prevé pagarles a asociaciones medioambientales, como anuncia en su propia página oficial. “Para atestiguar su compromiso con una actitud ecológica responsable, ASO (la extranjera Amaury Sports Organisation) ha decidido destinar una parte de los gastos de inscripción de los participantes inscritos en la carrera a la ‘eco-participación’, por un importe de 50 euros para las motos y quads (cuatriciclos), de 100 euros para los coches y de 150 euros para los camiones. La suma recogida se destinará a una o varias asociaciones que trabajen por la protección del medio ambiente.”

Giraud, de la Asamblea Popular por el Agua, informó que “de las organizaciones mendocinas conocidas por nosotros, que son prestigiosas, ninguna recibió dinero, ni lo hubiéramos aceptado”. El reverso de la moneda fue algún productor que se quiso cortar solo e imaginó que podía hacer negocio cediendo sus tierras para el Rally. “Quizá pensó que podía recaudar plata con un campamento gigante, pero no pudo”, agregó Valenzuela desde Jacobacci.

Una denuncia de 55 páginas

Tres integrantes de organizaciones medioambientales mendocinas, Eduardo Sosa (Oikos, Red Ambiental), Marcelo Giraud y Luis Sánchez (Asamblea Popular por el Agua), presentaron una denuncia ante la Fiscalía de Estado de la provincia contra el Rally Dakar Argentina Chile 2009 el 29 de diciembre pasado. Argumentan que “la objeción general radica en que no se cumplió el procedimiento de evaluación de impacto ambiental que exige la normativa legal vigente”.

En el extenso texto se citan dos dictámenes del Instituto Argentino de Investigaciones en Zonas Aridas (Iadiza). En la segunda de esas evaluaciones sobre la prueba, los científicos sostienen: “Una actividad que involucra alrededor de 500 vehículos (entre camiones, coches y motos) transitando en las secciones selectivas, a gran velocidad, por distintos ambientes naturales de Mendoza, no puede asumirse como de escaso impacto o magnitud”.

La denuncia también cuestiona el ocultamiento de información sobre los distintos trayectos de la prueba, se mencionan las especies animales que corrieron peligro con el Rally (flamencos, guanacos y distintas clases de reptiles), la invasión de tierras que reclaman las comunidades huarpes y se cita una frase de los organizadores que explica, en parte, por qué denuncian lo que denuncian Sosa, Giraud y Sánchez: “los caminos difícilmente estén preparados para soportar el paso de los vehículos”. Tampoco lo soportaron los mallines (lugares húmedos y bajos donde el ganado se alimenta de forraje), los arenales y alguna tranquera que fue rota unos meses antes para tantear el terreno del Rally en la zona de Anecón Chico, Río Negro.

“En una región, la Patagonia, en la que el principal y más grave problema ambiental es el avance de la desertización, haber permitido este Rally parece un designio maquiavélico”, se quejó el doctor Pizzolón desde Esquel, donde los vecinos ya están sensibilizados por una mina de oro a cielo abierto.

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Una imagen habitual del Dakar: una moto pasando por medio de un ecosistema.
 
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